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Derrota Mundial- Salvador Borrego (1966)

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 La obra de Salvador Borrego E., que hoy alcanza su segunda edición, es una de
las más importantes que se hayan publicado en América. Causa satisfacción que
un mexicano de la nueva generación, haya sido capaz de juzgar con tanto acierto
los sucesos que conocemos bajo el nombre de la Segunda Guerra Mundial.
Colocados nosotros del lado de los enemigos del poderío alemán, es natural que
todas nuestras ideas se encuentren teñidas con el color de la propaganda aliada.
Las guerras modernas se desarrollan tanto en el frente de combate como en las
páginas de la imprenta. La propaganda es un arma poderosa, a veces decisiva
para engañar la opinión mundial. Ya desde la primera guerra europea, se vio la
audacia para mentir, que pusieron en práctica agencias y diarios que disfrutaban
de reputación aparentemente intachable. La mentira, sin embargo, logró su objeto.
Poblaciones enteras de naciones que debieron ser neutrales, se vieron
arrastradas a participar en el conflicto, movidas por sentimientos fundados en
informaciones que después se supo, habían sido deliberadamente fabricadas por
el bando que controlaba las comunicaciones mundiales.
Y menos mal que necesidades geográficas o políticas nos hayan llevado a
participar en conflictos que son ajenos a nuestro destino histórico; lo peor es que
nos dejemos convencer por el engaño. Enhorabuena que hayamos tenido que
afiliarnos con el bando que estaba más cerca de nosotros; lo malo es que haya
sido tan numerosa, entre nosotros, la casta de los entusiastas de la mentira.
Desventurado es el espectáculo que todavía siguen dando algunos “intelectuales”
nuestros, cuando hablan de la defensa de la democracia, al mismo tiempo que no
pueden borrar de sus frentes la marca infamante de haber servido dictaduras
vernáculas que hacen gala de burlar sistemáticamente el sufragio. Olvidemos a
estos seudo-revolucionarios, que no son otra cosa que logreros de una Revolución
que han contribuido a deshonrar, y procuremos despejar el ánimo de aquellos que
de buena fe se mantienen engañados.